Por JOSÉ GRANADOS
“¿Que si esto está malo? Mire no más: en hora y media de pesca vea lo que hemos sacado”. Parado sobre su canoa, Juan Cera Castro mostraba una pequeña corvina de unos 20 centímetros, y añoraba las faena diarias de hace 20 ó 30 años en las cuales el embalse del Guájaro le entregaba cientos de peces, de especies diferentes, para alimentar a su familia y vender en Barranquilla. “Esto, compae, se acabó”, afirmó el veterano ‘Juancancio’.
Su lamento se transmite de pueblo en pueblo en los alrededores del gigantesco cuerpo de agua que en 1965, cuando se construyó, tenía 16.000 hectáreas. Hoy cuenta con menos de 12.000. En La Peña (sector Norte), Las Compuertas (Sur), Aguada de Pablo (Oriente) y Rotinet (Occidente) todos se quejan de lo mismo: el embalse está muriendo.
“Después de seis o siete horas de pesca, hay días en que uno regresa frustrado con las manos vacías y solo encuentra en la casa un poco de arroz con tinto caliente para comer”, dijo Eusebio Cabrera, presidente de la Asociación de Pescadores de La Aguada.
Con tristeza, recuerda que el Guájaro ha sido el todo para los habitantes sureños. “Si aquí no hay pesca hay hambre, se deteriora la salud y comienzan a faltar hasta las vainas materiales para las familias”, comentó.
Tal como Cabrera lo afirma, los problemas del embalse se reflejan en los altos niveles de pobreza que en el Departamento, con especial incidencia en el Sur, llegan al 37,5%, superando los índices nacionales.
Viviendo en condiciones socio-económicas paupérrimas, los niños no escapan a la desnutrición, y el 9,8% de ellos padecen este flagelo.
ABUNDANCIA Y ESCASEZ
De acuerdo con cifras de pescadores veteranos, el Guájaro producía más de 30.000 toneladas de pescado al año. Hoy esa cantidad no llega ni a 1.000.
El viernes, durante un recorrido embalse adentro, EL HERALDO fue testigo de la dramática escasez: en el sitio El Cañito, cerca a La Peña, 22 canoas armaron un corral y los pescadores lanzaron de manera simultánea 66 atarrayas. Minutos después, apenas se contabilizaban 10 peces pequeños atrapados, en su mayoría corvinas.
“La mano está mala y un día de trabajo puede representar apenas 2.000 ó 3.000 pesos, que no es plata para sostener una familia”, dice José Geny Rodríguez.
RAZONES DE LA CRISIS
Wilfrido García, dirigente de los pescadores de Repelón, afirma que así como Barranquilla le dio la espalda al río Magdalena, en el Departamento sucedió lo mismo con el Guájaro. “Todos, unos por acción y otros por omisión, tenemos responsabilidad sobre lo que sucede”, aceptó luego de recordar que cuando se profundizó la crisis del Distrito de Riego y se paralizó la producción agrícola, más de 3.000 campesinos se volvieron pescadores, lo que presionó indebidamente sobre la producción pesquera. “Era un problema de subsistencia de cientos de familias”, argumentó.
Además, la creciente contaminación con materias fecales y aguas residuales domésticas han acelerado los problemas. Un informe de la Corporación Autónoma Regional del Atlántico, CRA, señala que de los cuatro municipios y los nueve corregimientos que están en la zona de influencia del embalse, solo Sabanalarga tiene una aceptable cobertura (62%) de redes de alcantarillado. El 54,9% de los 146.000 habitantes depositan sus excretas en pozas sépticas, y el 27,4% lo hace a campo abierto.
Igualmente han surgido problemas de contaminación con las camaroneras construidas cerca al Guájaro. “Esas empresas nos tienen arruinados. No sabemos por qué los alevinos (peces pequeños) son atraídos hacia los estanques que allí funcionan, mientras el embalse se queda sin especies como la mojarra lora”, se quejó Manuel Guerrero.
El director de la CRA, Rafael Pérez, reveló a EL HERALDO que “las aguas del embalse tienen salmonella y coliformes fecales en altísimos niveles”. También hay contaminación con químicos en concentraciones superiores a las permitidas.
A esos factores que atentan contra la existencia del Guájaro se suman la sedimentación con basuras y residuos de las canteras de Arroyo de Piedra, así como la pesca ilícita.
“Para mí, el embalse se está convirtiendo en un desierto porque cada día produce menos”, sostiene Eusebio Cabrera. Y no está lejos de la realidad.
Gran potencial
Después de la reunión del 5 de mayo en la Casa de Nariño, Carlos Robles, director de Pesca del Ministerio de Agricultura, prácticamente recibió la orden del presidente Álvaro Uribe de venirse a vivir a Barranquilla para hacer un acompañamiento permanente al plan de recuperación del Guájaro.
El jueves, en compañía del secretario de Desarrollo del Atlántico, Luis Humberto Martínez, recorrió el embalse. A su juicio, el gigantesco cuerpo de agua tiene “todos los potenciales naturales para ser una importante plataforma productiva”.
Recomendó diseñar un Plan de Ordenamiento Territorial para, seguidamente, comenzar a trabajar en el mejoramiento de la calidad del agua.
También planteó un Plan de Ordenamiento Pesquero, y dentro de este dijo que la CRA debe asumir un papel más activo para manejar la capacidad de carga del embalse, identificar con los pescadores las especies a sembrar y ejercer un estricto control de la pesca ilícita.
Un enfermo grave
Wilfrido García
“Uno salía a las 7 de la mañana y regresába con media canoa llena de pescado. La corvina la pedían para los enfermos porque tiene poca grasa, pero ahora con esta crisis se moriría el paciente”.
Juan Cera Castro
“Esto se echó a perder, y del 2003 para acá se ha puesto peor. No hay mojarra lora y el bocachico no se consigue ni pa’ remedio”.
Eusebio Cabrera
“Estamos mal. Aquí hay hambre. El gobierno debe entender que salvar el embalse es vital porque de él depende la subsistencia del sur”.
Verano: debe ser un proyecto de vida
El gobernador del Atlántico, Eduardo Verano, dice que no quiere más “retórica ni diagnósticos ni estudios” sobre la enfermedad del Guájaro, y sostiene que hay que actuar ya con un plan de ordenamiento territorial y otro de saneamiento ambiental.
El mandatario anunció que el presidente Álvaro Uribe garantizó los recursos, unos 14.000 millones de pesos, para las obras de alcantarillado que deben acometerse en municipios y corregimientos aledaños al embalse.
“Primero, hay que comenzar, como lo dijo el Presidente, poniendo orden dentro del Guájaro, delimitándolo. En su interior no puede vivir nadie. Segundo, hay que trabajar en la descontaminación de sus aguas, controlando el vertimiento de alcantarillas y construyendo plantas de tratamiento. Hay que exigirles a las canteras de Arroyo de Piedra que no sigan arrojando sedimentos, tarea que debe asumir con rigor la CRA.
“Además, hay que oxigenar el agua, y la mejor forma para hacerlo es manteniendo abiertas las compuertas de El Limón el tiempo que sea necesario, para que el chorro de agua del Canal del Dique logre mover los sedimentos y lavar el embalse. En esto la CRA también tiene que asumir su función y no dejar el manejo de las compuertas en manos de personas o grupos que las cierran o las abren en medio de una borrachera o porque les conviene”, indicó Verano.
En la etapa productiva, el gobernante impulsará la cría de tilapia plateada en jaulas con el propósito de exportar filete fresco al sur de la Florida (EU). Por petición de Uribe, el empresario Jaime Macías, máximo productor del embalse de Betania desde donde se exportan 160 mil libras semanales, dictó una charla a pescadores atlanticenses sobre el potencial de este producto. Verano estima que se puede comenzar produciendo unas 10.000 toneladas anuales.
“La verdadera oportunidad de reivindicación del sur del Atlántico está en la reactivación productiva del Guájaro. A partir del embalse hay que construir un proyecto de vida, para que sea el eje fundamental de la economía.
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