
El sentimiento de dolor de todo un pueblo, acompañado por las bandas musicales de Santa Lucía, Manatí, Repelón, Suan y Calamar, se sintió al mediodía durante el sepelio.
Este prolífico compositor y saxofonista compuso hace 45 años «El sindicato», una de las piezas más populares del folclor de la Costa Caribe colombiana
Entre más sonaban las cinco bandas papayeras más lloraba la gente. Los sentimientos de todo un pueblo afloraron ayer para despedir a quien era considerado un héroe popular, por la grandeza que le dio a su Santa Lucía del alma: Daudett Cantillo Deal, ‘El Negro’ para los amigos, o ‘El Maestro’ para los alumnos musicales, murió a los 78 años, y dejó en su prolífica herencia cultural temas famosos como ‘El perro negro’ y ‘El sindicato’.
Así como Juana Díaz Jiménez salió a las 5:30 de la mañana desde Galerazamba, en la zona costera bolivarense, para llegar a tiempo al entierro, cientos de personas anónimas y amigas se movilizaron desde Repelón, Manatí, Calamar, Hato Viejo, Mahates, Soplaviento, Ovejas y San Jacinto para despedir al creador de porros, fandangos, guarachas, valses y paseos. La noticia de su muerte se había extendido por toda la región desde el pasado martes.
“No podía fallar a esta cita”, dijo ahogada en sollozos y emocionada la mujer. “Este señor —explicó— no me conocía, pero yo sé de él desde los 10 años, cuando lo contrataban en mi pueblo, Lomita Arena, allá en la autopista al mar, para que amenizara las fiestas de la Virgen del Carmen y del Cristo Redentor”.
En ese entonces, Cantillo era el director de la Banda 20 de Julio de Repelón, que lo llevó al estrellato. “Mi padre se hizo músico en Bucaramanga. Era un hombre muy creativo que le cantaba a las cosas bellas, a las vivencias diarias, a las anécdotas, a las cosas picarescas”, recuerda Édgar, uno de sus ocho hijos.
Desde 1971, a Daudett le correspondió liderar una de las épocas más fructíferas de la música popular costeña. Caza-talentos de importantes disqueras lo descubrieron como un nuevo valor. La 20 de Julio estaba siempre en primera fila en el cartel de las inolvidables casetas de bailes populares.
“En el legendario ‘Mi Kiosquito’, noche tras noche, teníamos que repetir hasta veinte veces ‘El perro negro’ —este porro lo creó para protestar por las malas caras que le hacía la familia de un mujer que él pretendía— y ‘El sindicato’”, comentó su compadre Felipe Matute Cabarcas, intérprete de esta última canción.
Cuando cosechaban sus éxitos, con otros temas como ‘La pelea de gallo’, ‘María Teresa’, ‘El costero’, ‘La timba de C. María’, ‘La boda’ y ‘El palo e’ Macondo’ sucedió lo inesperado. La muerte sorprendió a varios músicos de la banda, y Cantillo decidió retirarse.
“Él me contó que le dijo a sus compañeros de Repelón:
muchachos, yo me voy para mi pueblo antes de que la ‘ganchúa’ me lleve a mí”, confesó su biógrafo, Hernán Antonio Villa, quien definió a Cantillo como “uno de los más grandes intérpretes costeños del saxofón tenor y soprano”.
Sus magistrales interpretaciones fueron las que lo llevaron a brillar como uno de los mejores músicos nacionales. “En sus temas, como ‘La vieja platanúa’, ese hombre se fajaba con el saxo y era entonces cuando nadie se quedaba sin bailar en una caseta”, dijo, orgulloso, Víctor Martínez, quien acompañaba el cortejo fúnebre.
Para Abdo Bedrán, acordeonista que lo acompañó en la creación de la banda Nuevo Horizonte, una de las cualidades de Daudett Cantillo fue la de ser un “hombre respetuoso, amiguero y disciplinado”.
En esa otra etapa musical, en 1988, en compañía de sus hijos Luis Carlos, Francisco, Julio y Edilberto, el maestro Cantillo grabó, en la voz de Eliut Olivo, inolvidables piezas como ‘La deuda’, ‘Cristina’, ‘La lotería’ y ‘La malla’. Su legado musical abarca unas 105 composiciones.
En medio de la tristeza por su fallecimiento, el pueblo en pleno decidió que este 13 de diciembre, cuando se celebra el día de Santa Lucía, habrá una cita especial: bandas musicales de toda la región serán invitadas para tocar la alborada y agasajar a la patrona del Municipio, así como lo hacía Daudett Cantillo cada año, en medio de su fervor religioso. Será el mejor de los homenajes para él.