-Así dicen siempre y terminan haciéndolas, no vez que este pueblo no sirve sin sus fiestas de junio, es lo único bueno de aquí.
-A lo mejor esta vez si hacen cinco días.
-No creo, de pura cosa harán tres días y eso con poquitos toros/
-Y si la familia Torrente pone los toros completos como el año antepasado?.
Eso era cuando tenían más plata, ahora solo viven de apariencias, no vez que esa gente esta vendiendo todo para irse para la capital.
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Temas de pelados, que cuando llega mitad de año, cuando se acerca la temporada de las fiestas patronales, la fiebre de corraleja los invade tanto que están más pendiente de los toros que los organizadores o miembros de la junta de fiestas. Pellito, el niño más alegre de su casa ya esta juntando para entrar al palco así sea un solo día, -este año si subo, solo me faltan doscientos pesitos. Hace todos los mandados que puede para ganarse la propina, hubo un día en que se coloco en la entrada de la alcaldía para llevarle el maletín al alcalde a ver si el tacaño le regalaba la entrada y no gastarse la plata que le serviría para comprarse unas botas y un sombrero para parecerse a uno de los hacendados de la región, pero el susodicho alcalde solo se le ocurrió darle un dulce de leche, ese mismo día dejo de llevar el maletín, cada noche soñaba con ser grande y tener un caballo como los que llevan a las cabalgatas de la feria equina y montar en la misma silla a una mujer, a la mujer que solo había visto en sus pensamientos, tanto la pensaba que se llego a enamorar de ella sin conocerla, se juro así mismo que apenas la viese le diría cuanto la quería y que la estaba esperando para montarla en su caballo, hasta nombre tenia su futuro caballo, se llamaría Capatun, así sonaban los pasos del caballo en su cabeza, seria rojizo, grandote, peludo, con su cola tan larga que tendría que cortarle un poquito para que no se le ensucie, y un lunar blanco en la frente como el caballo que vio el año pasado en la feria y que fue el mejor, pero el de él seria mas bonito. Capatun no tendría rivales y solo lo enrasaría con las mejores yeguas de la costa.
Cuando llegaron al playón donde antes se practicaban cualquiera de los deportes de la costa, y que desde hacia tiempo lo estaban utilizando solo para la corraleja, sus pequeños ojos veían con esplendor como los obreros desembarcaban las cañabrabas, eran cerca de cuatro camiones, en un carro más pequeño estaba el dueño de los palos que buscaba a alguien para que fuera a buscar al presidente de la junta patronal, para que firmara los papeles de la entrega. Uno de ellos se ofreció, a pesar que se había escapado de su casa. Al llegar a la casa del señor Elias el presidente de la junta, se imagino que este al darle las gracias le ofrecería una entrada para el palco principal, el señor Elias salió tan apurado que apenas le toco la cabeza con la punta de los dedos en señal de agradecimiento.
Regreso donde su amigo decepcionado, con la cabeza entre los hombros, pero al ver a Geñito su vecino se le quito la tristeza y siguieron observando el trabajo de los obreros, ya era tarde para empezar con los huecos donde irían las bases de la corraleja, pero los troncos estaban ahí cerca a ellos, eran de guayacan amarillo, largos y pintados de negro.
Vámonos pellito que ya es tarde y me van a regañar.
A mi también me regañarán porque me tocaba echarle el afrecho a los cerdos.
El sol inclemente de las tardes costeñas caía sobre sus cabezitas de pelo rojizo por el mismo sol, se notaba en sus pieles el color de canela que aparentaban un color de niños callejeros, pero estos dos niños, el color que tenían se lo ganaron jugando trompos frente a sus casas, volando las cometas frente a sus casas, corriendo frente a sus casas, sentados bajo el sol frente a sus casas, pateando pelota frente a sus casas y observando desde siempre el paso del tiempo que siempre les llevaría a aprender y conocer cosas diferentes a las ya aprendidas en días anteriores a los que estaban pasando, Pellito aprendía solo con ver, y siempre comparaba para si mismo las cosas anteriores a las que estaba viendo.
Pero siempre estaba dentro de si los recuerdos de las fiestas en corraleja de cada año, quería ver cada año, tardes de toros mejores a las anteriores, con un toro negro más grande que el del año pasado, con caballos grandes y mansos para poder acariciarlos a pesar que nunca había tocado uno en su corta vida, siempre querría gritar el primer día de toro con el primer toro, -"ahí viene el toro negro"-, y sujetarse de las cañabrabas al sentir los pasos del toro, al que siempre había querido observar pero nunca a su frente pasar, sus cachos serán tan largos y filosos como agujas, sus patas gruesas y su pecho hasta el cielo, grande e imponente, que ningún mantero se le metería por tenerle miedo, pero que envistiera a los osados en hacerlo, que la gente grite y se pare de sus puestos al ver ese toro tan grande y tan bonito, que él en su pequeña persona gritará de alegría al ver al toro que siempre quiso conocer, a pesar de que no lo dejarían festejar con un trago de ron, un helado compensará su sed después de tanto gritar y festejar, donde él siempre estaría es en su casa esperando el siguiente año para ver en las fiestas toros mejores a los anteriores, donde después cuando él sea grande, ser un ganadero, se imagina así mismo sobre el caballo que él sueña, para poder a las chicas lindas invitar a pasear, pero eso si, primero a terminar de estudiar como su abuela se lo decía, recordaba que si el estudiaría hasta tener su profesión, seria alguien a quien las mujeres siempre admirarían a quien sus vecinos y familiares lo tratarían con respeto y admiración, y sus amigos el hombro le tocarían y siempre lo felicitarían, el por su puesto por ellos muchas cosas buenas haría, cariño le daría a los que lo apoyarían y enseñaría a querer a quienes lo odiarían, siempre sin problemas pero nunca se metería en la política porque un día escucho decir a su abuelo que los políticos son unos condenados vividores.
Pellito espero ansiosamente que llegara el siguiente día y ver con sus amiguitos la perforación del primer hueco para hacer la corraleja, cuando su madre lo fue a despertar para que fuese a buscar la leche, ya Pellito estaba despierto, bañado y vestido con pantalones cortos y una guayabera amarillo pollito, su madre le dijo que no era domingo para ir a misa, que apenas era martes y que él estudiaba por la tarde para que ya estuviese bañado y vestido desde temprano, él le contesto que quedo a ir con unos vecinos a ver la construcción de la corraleja porque ya habían traído los palos y que primero se bañó y se vistió para que ella le diese el permiso; ella lo vio tan inocente que no quiso quitarle la ilusión de ver la construcción de la corraleja, y lo dejo ir, aunque a ella le tocaría buscar la leche por primera vez en su vida ya que cuando pequeña sus hermanos eran quienes buscaban la leche todas las mañanas, además esos eran los mandados de los barones en la casa, las mujeres eran para barrer, cocinar y atender la casa.
Pellito iría luego con sus amigos de cuadra al playón a observar la avertura del primer hueco; lo malo fue que aunque iban a las siete de la mañana, los obreros habían empezado desde las cinco de la madrugada, así que cuando llegaron ya habían hecho veinte huecos y ya estaban metiendo diez palos a un metro de profundidad. Siguieron observando con alegría ya que uno de los obreros les puso unas sillas para que vigilaran la tinaja con el agua para que no se cayera de los tres palos donde la habían ubicado. Pellito quedó sorprendido con la destreza como clavaban los palos, presionaban el clavo en la madera con las manos y luego con un solo martillazo perforaban la madera.
Eran casi las doce del medio día y ya empezaban a hacer los cimientos para el palco preferencial, con más seguridad en las puntas porque ahí estarían las Bandas Musicales o sea las Papayeras, donde se pondría la gente a brincar y bailar.
Geñito y Pellito tenían que ir a sus casas a bañarse para luego ir al colegio, tenían el olor de los chivos y estaban sudados, por eso no los dejaron bañar y tuvieron que ir sucios al colegio, con las uñas llenas de arena del playón, los brazos y piernas mohosas, Pellito se mojo el cabello con la punta de los dedos y no se dio cuenta que cogió un mal olor, como el de la pluma de pollo remojado, en la escuela tenían un régimen, el de no dejar pasar a los niños sucios y menos con mal olor, así que en menos de una hora los muchachos estaban nuevamente en sus casas, pero no los dejaron ir al playón, los castigaron por desobedientes ya que les habían dicho que volvieran temprano del lugar.
Transcurrió pronto el día y se fueron a sus camas de lienzo, "las doble equis", sin cenar, era parte del castigo, y no podrían ir a ver más la construcción de la corraleja, les toco esperar dos semanas hasta que llegaron las fiestas patronales para ver la corraleja más grande que jama imaginaron ver, ésta tenia dos palcos que cubrían toda la circunferencia de la corraleja de modo que este año no podrían madrugar para coger los puestos y después venderlos o ser desalojados como el año anterior, menos mal que habían reunido el dinero para pagar la subida al palco y no se preocuparían por los puestos, además que ellos serian de los pocos pelaos que subirían al palco la primera vez que la hacían más grande.
Pellito y Geñito llegaron temprano a ocupar sus puestos con dos horas anticipación y fueron testigos de la llegada de los toros al corral y gritaron a todo pulmón, a los cuatro vientos, hasta la asfixia:
Ahí viene el toro negro, pa´ la corraleja.